Elecciones autonómicas y municipales 2007

28 de Agosto de 2008

ACTUALIDAD Electoral

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Gallardón pronunció su polémica conferencia en el 'Foro Abc'. / EFE

POLÍTICA

Dos crisis en sentido opuesto

Las elecciones municipales y autonómicas de Madrid provocan terremotos en el PSOE, por la derrota, y en el PP, por el triunfo

M. IGLESIAS/ R. GORRIARÁN/COLPISA. MADRID

03 de Junio de 2007

El resultado electoral en la Comunidad de Madrid y en la capital desembalsó ríos de alegría en el PP y de tristeza en el PSOE. Reacciones tan encontradas generaron, sin embargo, consecuencias similares en ambos partidos. Los números tuvieron la rara habilidad de desencadenar crisis internas, claro que por razones bien distintas. Alberto Ruiz-Gallardón volvió a postularse para 'número dos' del PP, un lugar con vistas al liderazgo si hay derrota en 2008; mientras, los socialistas repararon en que el tamaño de la debacle en Madrid pone en riesgo la reelección de José Luis Rodríguez Zapatero.

'Madrid me mata'. La frase emblemática de la movida madrileña de los ochenta resucitó para instalarse en los dos partidos mayoritarios tras las elecciones del pasado domingo. El PSOE comprobó que, con los números del 27-M, la victoria en las generales pende de un hilo, si bien en esas elecciones juegan otros factores políticos. El 14 de marzo de 2004, el PP aventajó a los socialistas en Madrid por unos ajustados 30.000 votos y sólo un escaño (17 a 16), pero con los resultados de las municipales los socialistas se verían relegados hasta los 13 escaños y los populares alcanzarían 19.

Incertidumbre

No será fácil revertir la situación si se confía en el Partido Socialista de Madrid, una organización que era una jaula de grillos y que, después de años de obligado silencio, se desparrama ahora por las costuras. Sin líderes, con su secretario general, Rafael Simancas, en precarias funciones, sin jefe de la oposición municipal tras la retirada de Miguel Sebastián y sin alternativas, el PSM, la tercera federación del PSOE tras Andalucía y Cataluña, es lo más parecido a una ruina política.

La crisis además salpicó a Rodríguez Zapatero y a la dirección federal del partido. El candidato a la Alcaldía fue cosa suya ante la incapacidad de los socialistas de Madrid de proponer un aspirante con garantías. Fue el segundo fracaso personal del presidente del Gobierno y de la ejecutiva del PSOE en el Ayuntamiento de la capital tras el envite por Trinidad Jiménez en 2003.

Pero, con todo, el problema de más calado es la sensación de incertidumbre ante el 2008 que corre por los despachos de la sede de la calle Ferraz, cuartel general socialista. La convicción en el triunfo en las generales se ha puesto en cuestión porque al descalabro madrileño se unieron los de la Comunidad Valenciana, Murcia y Castilla y León. Los indudables avances en poder municipal -el PSOE ganó las alcaldías de media docena de capitales- no fueron suficientes para paliar el mal sabor de boca que dejó Madrid.

El PSOE, en definitiva, se encuentra en su momento más delicado desde 2004. Los mensajes de que las elecciones generales son otra cosa no acaban de tranquilizar a dirigentes y militantes. El partido gubernamental sabe además que el PP no va a soltar la presa de la crítica a la política antiterrorista, una estrategia fallida en Euskadi y Navarra, pero que arrojó buenos dividendos para el partido opositor en otros territorios. Y Rodríguez Zapatero ya ha anunciado que no va a virar el rumbo en ese terreno.

Movimiento inoportuno

Pero también se puede morir de éxito. Así lo demostró el primer partido de la oposición, que obtuvo una victoria sin precedentes en la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital. Llevado de la euforia del triunfo, Ruiz Gallardón volvió a postularse como 'número dos' de Mariano Rajoy para las elecciones generales, y lo hizo con tanto ímpetu que no sólo suscitó los celos de su adversaria interna, la presidenta autonómica Esperanza Aguirre, sino que provocó malestar en las filas de su partido y se ganó un tirón de orejas del presidente popular.

El deseo de Ruiz Gallardón de batirse en la política nacional no sorprendió a nadie porque era conocido de antiguo. Fue la puesta en escena de su presentación pública, apenas 24 horas después de haberse cerrado las urnas, la premeditación y el atrevido discurso -más propio de un líder de la oposición- con el que aderezó el acontecimiento político lo que escandalizó a muchos en su partido.

Oferta envenenada

Sus enemigos internos se apresuraron a señalar el gesto como una oferta envenenada para sustituir a Rajoy como candidato a La Moncloa y, en todo caso, una declaración de guerra a otros sectores que -como el que aglutina Aguirre- también se sintieron ganadores en el 27-M y, por tanto, con derecho a exigir su cuota de protagonismo e influencia en la organización.

En la sede de la calle Génova sonaron las alarmas y muchos vieron un peligro serio de que los enfrentamientos internos entre los dos líderes madrileños provocaran una batalla prematura por el poder. Se temía que, tras el anuncio de Ruiz Gallardón, surgieran voces desde otras autonomías con sus barones respectivos situándose a favor y en contra de los contrincantes.

El equipo de Rajoy se rasgaba las vestiduras por la inoportunidad del movimiento de Ruiz Gallardón, al que reconocen el derecho a postularse como 'número dos', máxime desde que salió triunfador de una durísima campaña en la que tuvo en contra no sólo a los socialistas, sino al sector más radical del PP. «El momento fue el más inoportuno que pudo encontrar», comentan en Génova. «Alberto no sabe medir los tiempos y siempre comete el mismo error. Parece mentira que no aprenda con lo brillante que es», añaden.

Y, mientras tanto, el liderazgo de Rajoy resintiéndose en un momento en el que tendría que estar más fortalecido que nunca por el resultado de las elecciones municipales, las primeras que gana desde la derrota de 2004.

Elecciones 2007 _Redacción